domingo, 13 de febrero de 2011

UNA REVOLUCIÓN PATAFÍSICA



“La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias”

Llevaba una buena temporada sin escribir nada aquí. Más que nada porque no se me ocurría nada interesante que decir, al menos desde mi punto de vista. Puede que desde otra perspectiva sí que hubiera tenido interés, quién sabe.
Me ha espabilado ligeramente el gran meneo que se está produciendo en el llamado “mundo árabe”, por llamarlo de alguna manera, porque si algo caracteriza a ese mundo es su prodigioso revoltillo étnico – racial, llevado, por cierto, con una naturalidad asombrosa.
Si a uno le dicen hace cuatro días y medio que al ciudadano Ben Ali le iban a dar una patada en el culo, o que al individuo Mubarak le iban a sacar del trono por las orejas, seguro que le entra un ataque de risa floja. La permanencia en el sillón de este género de lacras formaba parte de lo inexorable, que viene siendo el nervio ideológico de nuestro tiempo. Igual que parece inexorable la ley de los mercados, o séase el imperio de la redomada hijoputez antisocial.
Si, por añadidura, uno ha tenido algún género de contacto con los países ésos, normalmente será víctima del más acendrado fatalismo sobre su futuro político. Residí una larga temporada en Marruecos, realicé un descorazonador reportaje en la Argelia del FIS, visité Túnez por razones de trabajo en un par de ocasiones, en una de las cuales tuve el discutible honor de ser recibido por el propio sátrapa, que, la verdad, daba el pego muchísimo…
Como conclusión general, aquello parecía atado y bien atado; más que atado, encadenado.
De aquí mi perplejidad y reafirmación patafísica: la excepción es o puede ser la regla. Y eso anima una barbaridad. Supongo que nuestro amigo el Rey, Mohamed VI, comendador de los creyentes y principal desvalijador de Marruecos (“demóvoro” dice Homero en la Iliada, muy atinadamente) habrá tenido que solicitar a toda prisa el dorado orinal real a la vista de la que está cayendo. Pero es sólo una hipótesis y tampoco quiero pasarme de optimista.
Lo cierto es que hasta los más afianzados mamones del área, o se ven obligados a extremar la represión, o arrojan limosnitas al populacho a ver si se tranquiliza y deja de dar por saco.
Estamos ante la excepción como regla, y eso es un alivio, a decir verdad.
Ya en América Latina les salió la criada respondona hace unos cuantos años y yo tuve otro ataque de optimismo de los míos, porque también había caminado bastante por aquellos andurriales y todo parecía conducirse por el camino de lo impepinable. Y no. Al margen de si me gustan o no personajes como Evo y Hugo, el caso es que también en América alguien iba royendo el nudo gordiano. La omnímoda presencia de la CIA y sus múltiples tentáculos no parecía ya tan eficiente.
Claro que no cabe extrapolar lo que sucede en el Norte de África hacia nuestro sofisticado y monísimo mundo. Son situaciones diferentes en bastantes y notorios sentidos. Pero por aquí no estaría nada mal que alguien se plantease la regla de lo excepcional, le perdiese miedo al coco y decidiese hacerles un corte de manga al FMI, a la odiosa señora Merkel y, en general, a los patrones de lo inexorable en provecho de los mismos de siempre.
Un último ataque de abierto descojono ante las majaderas salutaciones de nuestros próceres a los nuevos y luminosos horizontes políticos para Egipto, Túnez y demás. ¡Tendrán poca vergüenza!
N.B. La imagen es de Tell el Amarna, el momento más patafísico del antiguo Egipto.

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