Asno de oro

miércoles, 17 de octubre de 2012

ANTISISTEMA




 
Ser antisistema debe de ser malísimo. Cada vez que alguien saca los pies del plato es motejado de antisistema por la autoridad competente. El último en tachar de “antisistema” a quienes le llevan la contraria ha sido el popularísimo Gurb, o Broghs, o Wert, como no podía ser menos. Los estudiantes que van a la huelga lo son; supongo que los padres que mañana, 8 de octubre, no manden a los chavales al instituto también serán esa cosa tan horrible.

Pues el caso es que hay demasiados malos ejemplos en la literatura y el arte, repletos de personajes antisistema y, por ende, nada recomendables.

Don Quijote no se conducía en absoluto por los cauces reglamentarios; incluso utilizaba la violencia. En la ilustración se ve perfectamente cómo Don Alonso Quijano interviene brutalmente en unas relaciones laborales al uso. Del mismo modo, obstruyó la acción de la justicia liberando a unos galeotes, o atentó contra la propiedad privada arremetiendo contra rebaños de ovejas y contra la industria de la molinería de viento. ¿Es que los odres de vino reventados por el hidalgo no eran un bien ajeno? ¡Ah del penalista Gallardón!

En la pintura nacional, Don Francisco de Goya y Lucientes no parece que se plegara así como así a los cauces establecidos, seguro que era un antisistema. No hay más que ver la maldad con que caricaturiza a la realeza en “La Familia de Carlos IV”. Y para qué hablar del resto de su obra, ácidamente crítica con lo establecido.

Y no sólo en España hay sujetos tan perniciosos como Cervantes y Goya. A ver si el Príncipe Hamlet no andaba maquinando contra el Rey; incluso contra su propia madre, reina a su vez. Otro antisistema.

Pero es que hasta hay libros supuestamente infantiles protagonizados por evidentes transgresores. Desde el rebelde Guillermo Brown, hasta la anarquista Pipi Calzaslargas, pasando por Tom Sawyer con su cómplice Huckleberry Finn, hasta casos extremos, como la malévola Alicia, que incluso vulnera las leyes de la física y de la naturaleza. ¡Un despropósito!

Opino que nuestras autoridades educativas y culturales, con el Ministro de ambas ramas a la cabeza (este Slurp o Frghs, o como se llame) deberían entrar valientemente en la persecución de tan malos ejemplos. Tal vez organizando una pira al estilo del ama y el cura de Don Quijote. Esto está de antisistemas que no hay quien lo aguante.

viernes, 12 de octubre de 2012

SENTIRSE ORGULLOSO






Se ve que es preciso sentirse orgulloso de ser algo o de alguna parte. Rajoy, por ejemplo, dice que es necesario que todo el mundo se sienta orgulloso de ser catalán y español. Otros dicen que de lo que hay que sentirse orgulloso es de ser español. Unos terceros parecen sentirse orgullosísimos de ser catalanes.

Conozco a personas que se sienten orgullosas de ser madridistas, como otros se ufanan de ser béticos.

Lo cierto es que ni el madridista ni el bético han marcado nunca un gol para sus respectivos equipos; como mucho, han ido al estadio provistos de bufandas, gorras banderas y otros fetiches. Muchos de ellos no se han contentado con vitorear a su equipo, sino que han denostado y vituperado al contrario hasta dejarse la garganta en la operación.

Se ve que estaban orgullosísimos de ser lo que sea.

Las remolachas y los tomates, sujetos más sensatos y hasta filosóficos, no se sienten orgullosos de haber nacido en Talavera o en Bormujos. Entre otras cosas, porque nadie les consultó sobre dónde desearían ser plantados.

Los propietarios del vegetal o del cochino pata negra sí que se envanecen de que su garbanzo sea de Fuentesauco, o de que su cerdito sea de Aracena. El garbanzo y el gorrino se muestran claramente escépticos sobre el particular.

Personalmente no me siento especialmente orgulloso de ser español, como tampoco me exaltaría ser filipino o nigeriano. Resulta que nací en España, meritorio hecho en el que no tuve arte ni parte. Igualmente pude haber nacido en Escocia o en Panamá, pero me tocó en España. Pues bueno, pues muy bien, no me parece mal.

Así que no acabo de entender esto del orgullo patrio. Como mucho, puede uno sentirse más o menos satisfecho con el país en el que le ha colocado el azar; sea porque le guste el clima, o porque disfrute mucho de la gastronomía local, o porque se entusiasme con las manifestaciones folclóricas de allí. Pero orgulloso, lo que se dice orgulloso, ¿por qué razón?

Lo que pasa es que a los correspondientes mandamases o caciques les vienen al pelo todas las efusiones sentimentales que favorezcan a sus propios intereses.

Colofón: Wert no es tonto, de tonto nada. Le ha venido de puta madre lanzar un exabrupto, que, como negra tinta de calamar, oculte sus verdaderos disparates. La oposición ha picado y, en lugar de lanzarse a su cuello por el adefesio educativo que se dispone a perpetrar, le recusan por lo de españolizar a los nois. Pues el ciudadano Más, idem de lienzo. Bon cop de tisores oculto bajo la senyera. De tontos, nada.

martes, 9 de octubre de 2012

REMEDIOS CASEROS PARA EL DESCRÉDITO






Dicen que al respetable público le está tocando las narices sobremanera la “clase política”. Mal asunto. Yo creo que más que por lo de “política” nuestros conciudadanos andan mosqueados con lo de “clase”.

¿Es que los políticos deben constituir una clase? ¿Deben constituir una especie de orden o categoría diferenciada, con fueros y hasta hábitos propios? Yo estoy convencido de que ellos están convencidos de que, efectivamente, son una “clase”.

Si no, no se entiende la alegre despreocupación con que reciben las descalificaciones de las encuestas y de la calle. Alguien les ha metido en la cabeza que ellos sí que saben y que el populacho iletrado se mueve por una especie de impulsos irracionales conducentes al error.

Se ve que todo mediocre instalado en un escaño desaloja en torno a sí cualquier atisbo de autocrítica y de sentido del ridículo.

A mi me hace mucha gracia que se traten de “señoría” los miembros de cualquier cámara, por muy enana que ésta sea. Incluso me parece que en algunos ayuntamientos se ha caído en este absurdo protocolo. No digo yo que tuvieran que tratarse de “colega”, “tío”, “tronco” o cosa similar, pero tampoco pasarse. El lenguaje sabemos que nunca es inocuo, así que en cuanto te ves tratado de “señoría” se te monta un globo mental del que no te bajan ni a guantazos. Si, de propina, te obsequian con tecnología punta por la cara, de forma tal que puedas jugar a marcianitos desde tu sillón, catas el mullido asiento del coche oficial y hasta puedes celebrar comidas de trabajo a trescientos euros cubierto, pues claro que te ves, no “clase”, ¡superclase!

Sería buena cosa que la célebre “clase” cuidase mucho más las formas y se fuera bajando de la nube. ¿Tan complicado es?

Hay otro factor de descrédito: el gregarismo. Cualquier “señoría” se despersonaliza y desaparece como individuo en cuanto se integra en el correspondiente grupo parlamentario, municipal o lo que sea. En este país es imposible que un político se manifieste de forma remotamente personal o independiente. ¿Cómo quiere, entonces, que no le tomen por el pito del sereno? En otros países se da el extraño fenómeno de que un jefe de filas tenga que andar convenciendo a su grey para que vote esto o aquello. Incluso que un parlamentario o afín decida que le gusta más la propuesta de otro grupo. Oye, y no le pasa nada. Acabar con estas tendencias gregarias exigiría reformar bastante normativa, desde la Ley Electoral, hasta los Reglamentos de las Cámaras. Vale: ¿pues a qué estamos esperando?

A mi lo del absentismo parlamentario me parece menos importante que el bochornoso espectáculo de la aclamación y el abucheo. Claro que tampoco es demasiado bueno, porque no parece nada serio. ¿Sería posible multar a los que no asistan, pero también a los que aclamen o abucheen? Da muy mala impresión.

Y lo de la pasta. De acuerdo con que un político tiene que recibir un salario digno; tanto como que un fontanero, un profesor, un dependiente de comercio, o un médico son acreedores a un estipendio razonable. Pero no más. Lo que sucede es que a uno se le ponen los ojos como platos, cuando se entera de lo que cobran muchos alcaldes, diputados provinciales, asesores de la institución que sea y miembros de la “clase” en general. De vez en cuando montan un circo jugando a la sobriedad con honores de chocolate del loro. No cuela, la gente no es tan gilipollas como piensan.

Y el caso es que la política y los políticos son necesarios; imprescindibles, diría yo. No vivimos en la Arcadia ni en el mundo de nunca jamás. Me parece que lo que mis paisanos detestan es, no la política y los políticos, sino esta forma de hacer política y las actitudes de la célebre “clase”.

Y perdonen mis eventuales lectores si hoy he abandonado mi habitual tono humorístico, pero es que igual me he levantado de peor humor que de costumbre.

domingo, 7 de octubre de 2012

LUIS




No pienso hacer una necrológica, ni una elegía para Luis Gómez Llorente. Más que nada, porque se hubiera descojonado de mi, de caer en esa fácil tentación.

Ya va a haber bastante de eso por todas partes y, en algunos casos, más bien vergonzante; porque maldito el caso que le hicieron a él muchos de estos panegiristas mientras vivió.

Tengo muchos recuerdos de Luis. Los más recientes son de manifestaciones del 1 de mayo y afines. Siempre me lo encontraba bastante solitario con una bandera de UGT al hombro. Hablábamos poco en esas ocasiones, creo que para no resultar repetitivos.

Hay algunos divertidos, como aquellos del 28 Congreso del PSOE. Pues sí: divertidos. Cuando los “disidentes” o “críticos” (aún no habíamos inventado Izquierda Socialista) nos juntamos en el “Mesón del Escudero” no teníamos ni idea de la fuerza que habíamos llegado a acumular. Nos reunimos allí porque caía cerca de la casa de Pablito Castellanos, que siempre ha sido bastante comodón. Ganamos la mesa del Congreso, comenzamos a liarla en la crítica a la gestión de González, acabamos armándola en la ponencia política. El caso es que González, que nunca brilló por su modestia, se enfadó y dio la espantá. Luego no sabíamos que hacer con un éxito con sabor a fracaso. Luis andaba por allí con un humor cambiante, como paco Bustelo y los demás. A la siguiente nos dieron de sopapos, como era de esperar.

Otro buen recuerdo corresponde al primer congreso tolerado de la FETE. Ahí estaba bastante optimista, como casi todos nosotros. En ese congreso hubo anécdotas inolvidables, como cuando nos juntamos algunos para reconstruir “La Internacional”, que casi se nos había olvidado.

Estuve rn casa de Luis algunas veces y nos hartábamos de café y de fumar. Aquella terrible pipa, en la que quemaba “Celtas” desarmados, los litros de café y las charlas. Era crítico, pero nunca le escuché un comentario ácido ni ofensivo, criticaba sin resentimiento, de forma racional. Me gustó mucho pasarle mi memoria de oposiciones, cuando se presentó a cátedras de instituto. Aún más disfruté corrigiendo el estilo de su “Historia del Movimiento Obrero”, que editó UGT y no creo que sea fácil de encontrar.

Algunas veces cenamos con Pablo Castellanos, Joaquín Navarro y las respectivas. Aquellas cenas no tenían desperdicio.

Hay más historias afines, pero no me vienen ahora a la memoria.

Estoy triste por la muerte de Luis, casi tan triste como por el panorama que hoy presenta nuestro antiguo Partido.

viernes, 28 de septiembre de 2012

RECUERDOS DEL NACIONALISMO






Cuando yo era niño y algo menos niño todos éramos nacionalistas.

Ser nacionalista implicaba pensar que nosotros (los españoles) éramos más cojonudos, más valientes, más picaros y más de todo, que el resto de la humanidad.

Eso cuajaba en canciones, en artículos de prensa, en manifestaciones “espontáneas” y hasta en chistes: “van un francés, un americano, un inglés y un español…” Para mondarse de risa.

Ese nacionalismo necesitaba de una retórica y, sobre todo, de un caudillo capaz de manejarse con la retórica. A nuestro caudillo bajito, ridículo y, por desdicha, sanguinario, la retórica se la regaló la Falange, organización poblada a la vez de ilusos y de aprovechateguis. Le vino de perlas.

También hacían falta banderas, tres a falta de una. Sin banderas ningún nacionalismo va a ninguna parte.

A don Juan March y otros lo del nacionalismo les vino también de maravilla. Y a los estraperlistas y a los enchufados del movimiento.

Dentro del mogollón nacional, mi abuelo se empeñaba en celebrar reuniones “clandestinas” en casa para poder hablar en catalán, de música y de literatura sobre todo. A mi me enviaban periódicamente a comer a casa de una distinguida familia catalana en plan de inmersión lingüística.

Creo que éstas y otras circunstancias me quitaron bastante las ganas de “morir besando la sagrada bandera”.

Cuando salimos de aquello del nacionalismo épico creo que respiré aliviado y decidí que nunca más me fiaría de ningún nacionalismo. Y en ello sigo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

EL WERTEDERO




 
Que los hay brutos, muy brutos y de mi pueblo es verdad incontestable y bien asentada en el acervo popular. El ministro ése de la onomatopeya (Burp, Broghs o como se llame) es un ministro popular, así que tiene perfectamente claro que en la educación hay que separar bien temprano el grano de la paja. Es preciso realizar pruebas eliminatorias desde la edad más temprana, de forma tal, que los listos y laboriosos sean separados de los necios y vagos, suponemos que para evitar el efecto contaminación. Del mismo modo considera adecuado que las escolares de sexo femenino sean educadas aparte de los escolares de sexo masculino. “Entre santa y santo, pared de cal y canto”; toma más acervo popular, que, por cierto, suele sonar bastante reaccionario.

Lo que sucede es que este prohombre de la cultura anda algo atrasado de noticias y no ha caído en la cuenta de lo avanzadas que están la genética y ciencias afines. Tampoco se ha empapado de la antigua doctrina de la predestinación, que tanto fruto propició a los “Monsieurs de Port Royal” y jansenistas menos ilustres.

El plan de controlar a los escolares con reválidas a partir de la educación infantil, pasando por la ESO y el Bachillerato no es malo, pero se puede mejorar muchísimo y también abaratar sus costes, ya que estamos en lo de ahorrar a toda costa. Lo suyo sería que, recién nacido el futuro educando, se procediera a un inmediato análisis de su ADN, una rigurosa inspección de su genoma. La comisión de especialistas recomendados por el CSIC, con “Nihil Obstat” de la Conferencia Episcopal, podría emitir dictámenes desde ya:

- El mono éste va a ser más bien corto de entendederas, así que al peonazgo no cualificado.

- Pues mira, esta otra cosilla va a tener un talento fabuloso, va a ser lo que se dice una Montoro, o una Cospedala.

- Pues que acceda al supremo saber, si es que su familia es capaz de costearlo.

- Esto… ¡Uy esto! ¡Menudo petate!

- Pues… ¡Al wertedero!

Los obispos no pondrían ninguna pega, porque nacer, nacería todo el mundo, nada de aborto. Lo que luego pasara con el neonato ya sería cosa suya.

Respecto al curriculum escolar, también me parece que se puede mejorar el proyecto. El quid de la cuestión son las materias “instrumentales”, tal que la informática y el inglés. Hay demasiada asignatura inútil. ¡Mira que aprender literatura, música o artes plásticas a estas alturas!

La propuesta razonable, el auténtico nudo gordiano, sería reducir todo el programa escolar en todos los niveles a una sola materia: INFORMÁTICA EN INGLÉS.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

CON LA MÚSICA A OTRA PARTE






Cualquier burro sabe, y, por consiguiente, Ana Botella tiene que saber, que la música es innecesaria, si no dañina, para las personas y las sociedades.

Casi seguro que Mozart murió joven por haber abusado de la música. Chopin acabó tísico perdido por la misma causa, así como Beethoven finalizó sus días sordo como una tapia. Podíamos poner muchos más ejemplos que demuestran cómo la música es completamente nociva y, desde luego, inútil de todo punto.

Sólo los ricos o muy ricos pueden permitirse el vicio de la música; pero, aún así, con grave riesgo para su salud física y mental. Tal fue el caso de Luis II de Baviera, que se arriesgó a tener en casa a Wagner, audacia que trajo consigo la demencia del infeliz monarca.

Nadie ha ganado unas oposiciones a notarías ni a registros de la propiedad a base de entonar ante el tribunal un aria de zarzuela o una canción de Julio Iglesias. Qué bobada.

Sólo a un reconocido ignorante, como Alcuino de York se le ocurre incluir dentro del curriculum de la Escuela de Aquisgrán el “Quadrivium”, revolviendo la inoperante música con asignaturas en verdad importantes, tal que la matemática, la geometría y la astronomía.

Ana Botella y su mariachi han superado, por fortuna, todas esas erráticas antiguallas y han puesto las cosas en su sitio: a la porra las escuelas municipales de música; el que quiera perder el tiempo con una viola o un piano, que se lo pague. Aquí no estamos para vicios.

Por otra parte, la lucha contra la mendicidad callejera debe incluir la eliminación de músicos en el metro y otros espacios públicos. Si evitamos que un montón de jovenzuelos se crean diestros en tañer la guitarra, el acordeón o cualquier otro instrumento, habremos conjurado el riesgo de que se lancen a la calle para contaminar acústica y visualmente un espacio urbano generalmente impoluto.

Así que, chavales, con la música a otra parte.