domingo, 14 de enero de 2007

JORGE Y EL BODEGÓN

Había un señor que pretendía colgar de la pared un bonito cuadro. Probablemente se trataba de un bodegón con sus manzanitas coloradas, su pollo difunto, su pescado semi-putrefacto y un racimo de uvas cerúleas para coronar el festejo.
Este señor tomó su martillo y un gran clavo, se aproximó a la pared y golpeó el clavo por la cabeza hasta hundirlo en un ángulo sospechoso. Como Don Quijote con su celada de cartón, no quiso hacer grandes pruebas, por si las moscas y procedió a intentar la entronización del engendro, el cual, a su vez, repuso a la tentativa con un aparatoso desplome, en el que arrastró tras sí el gran clavo y una notable porción de yeso y pintura.
Este señor era muy decidido y tenaz, así que agarró dos clavos, aún más gordos y martilleó ferozmente sus cabezas, hasta lograr que ambos rebotasen contra la pared, desprendiendo en señal de protesta media espuerta de estuco y un buen trozo de ladrillo.
- ¿Ah, sí? ¡Pues ahora te vas a enterar!
El voluntarioso y enérgico individuo probó con tres, cuatro, cinco clavos, hasta lograr la demolición parcial del muro, la pérdida irreparable de casi todo el mobiliario de la sala y el aplastamiento de sus dedos índice y pulgar. El único objeto ileso en el teatro de operaciones era el funesto bodegón, dentro del cual el besugo macilento parecía sonreír con sarcasmo e ingratitud ante el fracaso de su desventurado propietario.
Don George Bush nunca llegó a conocer a tan ejemplar sujeto, pero como si lo hubiera conocido, porque su política en Irak parece inspirada en el ejemplo del caballero del bodegón.
En su pequeño ensayo democratizador de ese desventurado país ha logrado hasta el momento unas tres mil bajas en sus propias fuerzas, unos treinta y siete mil iraquíes, civiles mayormente, pasaportados al paraíso de Alá, la ruina efectiva del país y una guerra civil en ciernes. ¿Cuántos clavitos llevamos?
En vista del éxito obtenido, Bush pretende enviar al Golfo veintiún mil quinientos soldados más, y esto ya no es un clavo, es un tornillo de quince pulgadas. Afortunadamente cuenta para su brillante iniciativa con el aplauso de brillantes intelectuales norteamericanos, tal que Arnold Schwarzenegger, el talentoso gobernador de California.
Creo que ha sido el actor Tim Robins quien ha sugerido que los USA envíen a Irak tantos soldados como habitantes hay en el bodegón (unos veinticuatro millones). Si cada soldado americano mata un iraquí, asunto concluido.
Lo malo es que el microcéfalo peor presidente USA de la Historia es capaz de tomarse al pie de la letra la malévola propuesta del actor, porque peores cosas hemos visto y oído. El sentido del humor del tío Bush parece bastante afín cuantitativamente al que ostenta la cucaracha común. ¡Ojo con las bromitas!

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