viernes, 12 de diciembre de 2008

TO MATE OR NOT TO MATE



Dicen los expertos teatrólogos o dramatólogos que cada texto requiere su tratamiento y que, si uno se lía con eso, la ha hecho bien buena.
Por ejemplo, no se puede confundir uno y darle al “Hamlet” de Shakespeare el mismo tratamiento dramático que a “La catarsis del tomatazo”. Son cosas distintas y eso parece bastante claro.
Cierto que, si tú a lo que estás hecho, es a lo del tomate, se te puede ir la pinza y montarte un Hamlet en tomate, pero siempre te quedará rarito. Una especie de gazpacho shakespeariano, o por ahí.
Pues algo así dicen que le ha pasado al señor Botto con su espectáculo en cartelera. ¡Tiene tomate!
Aún sabiendo que el noventa por ciento del teatro que se hace en Madrid depende de unas pandillas que se lo llevan crudo, sigue asombrando que el Centro Dramático Nacional le suelte nada menos que el María Guerrero a este audaz joven (ya no tan joven y, más que audaz, temerario) para soltar semejante bodrio.
Sigue asombrando que la crítica (¿?) no diga esta boca es mía, por más que lo de la crítica a estas alturas sea más bien una entelequia que otra cosa. Seguramente porque las pandis andan también sueltas por ahí.
En Madrid y resto de España hay decenas de espectáculos más que dignos que no encuentran dónde poner el huevo. Doloroso contraste. Es que hay gente que no está en la pomada y así les luce el pelo.
Pase que la empresa privada haga mangas y capirotes y se limite a programar brillantes cabeceras de cartel o éxitos comerciales ya garantizados en su paso por el extranjero; pero que la cosa pública, amamantada a teta de contribuyente, se sume a la fiesta, parece más que insufrible.
Debe de ser que nuestro teatro anda naufragando en una espesa y mal sazonada salsa de tomate.

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