lunes, 17 de diciembre de 2007

ALBERT BOADELLA NO SE VA



Acabo de leer su “Adiós Cataluña”, que ha obtenido el premio Espasa de ensayo. La conclusión es que, afortunadamente, Boadella no piensa quitarse de en medio. Ni de Cataluña, ni del teatro, ni de ninguna parte.
Me alegro, porque este hombre es fascinante.
Se trata, ante todo y sobre todo, de un campeón de lo políticamente incorrecto, que en los tiempos que corren no es moco de pavo. ¿Que si se pasa con cierta frecuencia? Pues claro; si no, ¿en qué consistiría esa incorrección política?
Yo soy un entusiasta de “Joglars” desde hace muchos años y creo que cualquier persona relacionada con el teatro, si no lo es, al menos tendrá que respetar semejante trayectoria. En un universo artístico cada vez más acomodaticio y vulgar, las cosas que hacen estos señores siempre muestran un rigor y una calidad fuera de lo común. Incluso en sus logros menos brillantes. Nuestras carteleras están repletas de refritos papanatas de musicales antañones, de chocarrerías domésticas de baja calidad, de “versiones” descabelladas de algún clásico que otro tratado a puntapiés. Así que lo de Joglars me parece estupendo.
Cosa distinta es que uno coincida con las opiniones del insigne bufón sobre asuntos tan dispares como los que él recorre en este último libro. Por ejemplo, a mi Federico Jiménez los Santos me parece un perfecto gilipollas y no me hace ninguna gracia. Tampoco me parece afortunada la iniciativa “Ciudadanos”, y menos aún su progresivo deslizamiento hacia una derecha recalcitrante.
En cambio, comprendo la irritación de Albert ante el provincianismo casposo y agresivo que ha invadido los distintos nacionalismos y regionalismos asentados en el famoso “Estado de las Autonomías”. Me fastidia en particular lo de Cataluña, porque, cuando yo era joven, de Cataluña aprendí muchas cosas, a través, en particular de mi amistad entrañable con Pep Montanyes y, de rebote por el conocimiento de Ricard Salvat y Maria Aurelia Capmany. Mi cuarto de sangre catalana se recalienta viendo los disparates que acometen los poderes públicos de aquel hermoso País. Sobre todo me parece incomprensible que la izquierda catalana incurra en ellos, tanto como lo hicieron Pujol y su cuadrilla.
Del libro me hace mucha gracia perlada de amargura el relato de las mezquindades (que ya conocía) surgidas en la compañía de Boadella, porque de ese paño tengo yo un sayo. Ya conocía, digo, la historia, por relato verbal de su propio protagonista y por sus excelentes “Memorias de un bufón”, equiparables en calidad a “El rapto de Talía”. Y me conmueve la parte tierna de los “amores” en él relatados.
No me dedico a la crítica de libros, así que no voy a molestarme en recomendar o no la lectura de éste. Sólo quiero manifestar mi simpatía por el autor y mi admiración por su arte.

1 comentario:

Dubitador dijo...

Sugiero a vuecencia que pruebe a digitalizar el libro.

Quizas le tome usia el tranquillo y le de por crear version digital de las obras suya de usted mismo.

A dia de hoy es lo mejor que le puede suceder a todo libro, dado que unos pocos meses tras su inmediata edicion y publicitacion basicamente desaparece. En cambio la version digital al ser permanentemente accesible puede incitar a la compra en papel si no de la misma acaso de otras obras previas o nuevas del mismo autor.