domingo, 25 de enero de 2009

EL CIVISMO, EL PADRE GABINO Y EL CAMARADA PACO



Dicen que el Tribunal Supremo tiene que resolver en breve el asunto de los objetores a la “Educación para la Ciudadanía”. Estos cruzados de la moral y las buenas costumbres alegan que los jovencitos y jovencitas no deben ser adoctrinados en el cole (más que en el insti, porque la mayorías de estos piadosos sujetos tiran hacia la privada (religiosa), como la cabra tira al monte). Las purísimas mentes de estos rapaces no tienen por qué enterarse de que el racismo es malo, de que la guerra no es el mejor camino para solucionar conflictos, o de que los homosexuales son personas corrientes, y no mariconas pervertidas. Ya sus papás se encargarán de enseñarles a ser buenos cristianos y a acudir bulliciosamente a los encuentros de familias organizados por la Jerarquía Eclesiástica.
Efectivamente, eso del adoctrinamiento escolar es malísimo, pero secundum quid; porque no debía de parecerles tan horrendo, cuando, en mis tiempos escolares, la Religión y la “Formación del Espíritu Nacional” eran obligatorias, incluso en los estudios universitarios; que aún me acuerdo de cómo aprobé tres “religiones” pendientes en la carrera. En la universidad donde acabé mis estudios había un canónigo muy mayor, conocido por el sobrenombre “Como el águila que se remonta”, porque inevitablemente incluía esa frase en sus sermones del día de Santo Tomás. Este venerable presbítero no suspendía a nadie, así que despaché de una tacada los tres escollos mediante un sencillo trabajito. Si no es por él, ni soy filólogo, ni catedrático, ni nada de nada.
En el instituto la cosa era algo más peliaguda, porque el padre Gabino te hacía copiar no sé cuántas veces las páginas del Catecismo Ripalda que no te habías sabido de memorieta; “decid, niño, cómo os llamáis (Pedro, Juan, Antonio, etcétera)”... “Todo fiel cristiano está muy obligado a tener devoción, de todo corazón a la santa Cruz…” Por su parte, el camarada Paco se ponía hecho una hiena, si no comprabas el libro de la FEN, o no copiabas en el cuaderno todas las sandeces contenidas en el mismo,
La guinda del pastel la ponía el Padre Granda S.J. encaramado en su púlpito con un campanillón dedicado a acojonar pipiolos a berrido limpio.
Por añadidura, esos pipiolos desfilaban diariamente frente a la estatua del “Caudillo” a toque de tambores y cornetas y, si no hacían bien la variación o el vista a la derecha, se quedaban sin cine el domingo.
¿A que algún viejo demente del Estu sabe a qué instituto me refiero?
Todo eso nada tenía que ver con el adoctrinamiento, claro está, porque ni los dignos papás de derechas, ni sus socios, los clérigos, dijeron nunca ni pío en contra.
Pues, como la pelota está en el tejado, veremos qué es lo que triunfa: el civismo, o el cinismo.

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