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domingo, 8 de febrero de 2009

NATURALEZA DE LA ANGUILA


Las anguilas, como las morenas y los congrios, forman parte del orden “actinopterigios”, caracterizado porque sus miembros presentan una evidente semejanza con las serpientes.
Estos animalitos tienen, por lo general, bastante mala leche. Si no, que se lo pregunten a mi amigo Emilio, que casi pierde la nariz cuando intentaba desanzuelar un zafío, que es como se llama en Cádiz a los congrios locales. Son escuálidos, pero de una fiereza increíble.
Otra característica de esta pandilla es que sus individuos se resisten a cascar; incluso una vez atrapados y extraídos de su medio natural. Más duros que el Alcoyano, oiga. Por ejemplo, como una morena te pique en el anzuelo, es capaz de quemarte el sedal a base de revolverse de puro cabreo. Cosa semejante acontece con las anguilas de río.
Pero las anguilas son, sobre todo, paradigmas de lo escurridizo. Echarle el guante a uno de estos animalitos es una operación más que complicada, por no decir, imposible. Claro que si la anguila que pretendemos asir es, encima, de las eléctricas, no sólo será difícil engancharla, sino que te puede soltar una sacudida que te deje tieso y amargado.
Las anguilas de diferentes familias (porque se clasifican en familias no siempre compatibles) se crían estupendamente en el Mar de los Sargazos, porque se ve que les van los medios enmarañados y laberínticos.
Por último, son animalitos omnívoros y enormemente tragones, gozan de un apetito descomunal y no le hacen ascos a nada medianamente sustancioso.
No sé cómo me ha dado hoy la ventolera de escribir sobre estos bichos. Se ve que soy hijo de zoólogo. También se ve que vivo en Madrid y suelo leer el periódico todas las mañanas.