viernes, 29 de febrero de 2008

LA NIÑA DE RAJOY NO ERA CANARIA



Menos mal, porque, si llega a ser canaria, en lugar de tener unos papás (heterosexuales) maravillosos, un cole (privado) de órdago a la grande y probablemente un futuro divino, con boda en La Almudena de tropecientosmil invitados y vestido de Balenciaga, chalet en la Moraleja, oreja, vuelta al ruedo, música y banda, lo que iba a tener seguramente sería un destino cruel y amargo.
Si esta pobre criatura llega a nacer en las islas, acabaría desaparecida o violada, o ambas cosas a la vez y, lo que es peor, a manos de inmigrantes de probada ineficiencia profesional. Y todo por culpa de Zapatero, principal instigador de estas penosas situaciones, que aquejan a la población infantil insular en cifras todavía no establecidas, pero con toda seguridad abultadísimas.
La verdad es que las afirmaciones del clon aznárico denominado don José Manuel Soria no desentonan demasiado de las de algunos correligionarios suyos en estas luctuosas fechas de campaña. Constituyen todo un insulto a la inteligencia más limitada, incluso a la ruda inteligencia asnal del que suscribe.
De todos modos supongo que a la feligresía del PP le parecen estas cosas lo más natural del mundo. Si tragan con el discurso del desagradable señor Alcaraz, es que pueden con todo lo que les echen.
Ya estamos otra vez con los monstruitos producto del sueño de la razón.

martes, 26 de febrero de 2008

CANDIDATOS ESCAYOLADOS



Una nueva contradicción personal, aunque no muy grave: dije que no vería el debate y acabé dándome una vueltecita que otra por alguna de las cadenas que lo transmitían. Claro que no me lo tragué entero, eso no. No me gusta aburrirme y me hubiera aburrido una barbaridad; así que me limité a echar unos cuantos vistazos.
Parece ser que ganó Zapatero por un estrecho margen, pero éste me parece un dato irrelevante. Mi impresión general es que ambos candidatos presentaban síntomas de rigidez casi mortal, eran como sendas esfinges dedicadas a soltar su disco sin preocuparse demasiado por entrar al combate en caliente. Porque ser tan tontamente agresivo, casi insultante, como resultó Rajoy, no es discutir, es arrear sopapos sin ton ni son. Se supone que una buena discusión implica golpes, contragolpes, argumentos, réplicas sobre el argumento del contrario, búsqueda del ritmo que me conviene y, por supuesto, un mínimo de imaginación. No hubo nada de eso.
Tampoco ninguno de los contendientes se sacó un conejito de la chistera, ni un as de la manga. Podían haber salido del discurso manido que llevamos aguantando toda la precampaña, aunque fuera diciendo un disparate:
- Pues, en cuanto gane las elecciones, pienso pintar de color rosa todos los raíles del ferrocarril, con el objeto de darle un toque gracioso a las fotografías aéreas.
- ¡Vaya bacinada, señor mío! Lo que necesitamos con urgencia son desfiles de majoretes al inicio de todas las sesiones de ambas cámaras legislativas.
O, yo qué sé, algo.
Pero yo no les echaría la culpa a los contendientes, sino a una cultura de la imagen casi idolátrica, que ha convertido a nuestros políticos en marionetas deshumanizadas. Tanto asesor, tanto sabio, tanta preparación y reglamentación del famoso debate, acaban por impedir cualquier intento de espontaneidad y machacan la posible emoción que hubiera revestido el encuentro. Eso sin contar la nube negra de antecedentes mediáticos, que no logró en modo alguno dotar de atractivo al evento, sino que, en mi opinión, provocó un hastío colectivo de mucho cuidado. El parto de los montes.
Creo que en la segunda vuelta Rajoy y Zapatero deberían enviar cortésmente a todos sus cortesanos a hacer una bonita gira campestre, o a ligar por los bares, y ellos, dedicarse a reflexionar sosegadamente unas horas, leer algo entretenido y echarse una partidita con los amigos un rato antes de la comparecencia. Algo así.
Tampoco estaría de más que recordasen que además de encuestadores, augures y otros brujos, hay una serie de personas ajenas a tal parafernalia que son las que votarán y decidirán a fin de cuentas. Anden, candidatos, háblennos a todos.
En fin, Don Mariano que siga a lo suyo, si le parece; pero, por favor, don José Luis: deje de hacer tantos equilibrios en la cuerda floja, que tenemos que ganar, hombre.

martes, 19 de febrero de 2008

CANDOR KOSOVAR Y MÁS TEATRO



La voladura incontrolada de Yugoslavia ha sido uno de los fenómenos más inquietantes de la última década. Algo así, como si el monstruo de Frankestein se desgajara, partiendo cada uno de sus miembros en busca de su cuerpo originario, puesto que el estado yugoslavo había sido el producto de un cosido forzoso a manos de potencias extranjeras después de una cruenta guerra.
Pues la impresión que da es que también ahora la ruptura en pedazos de Yugoslavia no ha sido un hecho autóctono, sino que otras y las mismas potencias que fabricaron su ficticia unidad han participado muy activamente en la quiebra.
Personalmente me inquieta comprobar en las imágenes del día de la declaración de independencia cómo la bandera que ondea junto a la albanesa es la de los Estados Unidos de América. También me hubiera preocupado que fuera la de Rusia, o la de Wonderland, es lo mismo. El caso es que ambas enseñas pertenecen a otros países y que los kosovares han tenido que tomarse un tiempo para izar la suya propia, más bien fea, por cierto.
Supongo que los ciudadanos del nuevo Estado no creerán en los Reyes Magos ni nada de eso, pero lo de las barras y estrellas le pone a uno la mosca detrás de la oreja. Tanto como el mosqueo manifestado por el caballero Putin. A ver cómo se desarrollan los acontecimientos.
La reacción del Gobierno de España no deja de tener su lógica, aunque sea un tanto elemental; aunque aún más elemental ha sido la respuesta del Gobierno Vasco, que se ha apresurado a poner cara de kosovar y a establecer un paralelismo imposible entre su caso y el de los recién autoproclamados. No vale la pena molestarse en detallar la enorme diferencia que existe, porque ya lo ha hecho muchísima gente y muy autorizada.
En fin, que los caminos de la política internacional son insondables y habitualmente tortuosos.
Cambiando de tema, ahí les dejo a vuesasmercedes un enlace a una de mis obras teatrales, que he decidido soltar por la red sin más protección que el registro de la propiedad Intelectual. Cuando se estrenó gustó bastante, si bien tuvo una vida efímera sobre el escenario, que es lo que suele pasar con todo lo que hago. Ahí va: http://www.megaupload.com/?d=4WDQZQW0

domingo, 17 de febrero de 2008

COMIENZO A COLGAR TEATRO



Por consejo de mi amigo Luis, hoy comienzo a colgar obras de teatro mías y las pongo a disposición del respetable, siempre y cuando me comunique el respetable que piensa ponerlas en escena. No quiero cobrar un duro, salvo empresas comerciales, que ya hablaríamos. De todos modos, lo que cuelgo está debidamente registrado, aunque no siempre en la SGAE: por ejemplo: http://www.megaupload.com/?d=S9YYNN26
Espero que sea de su agrado de ustedes.

sábado, 16 de febrero de 2008

NO PIENSO VER LOS DEBATES



No pienso ver ninguno de los dos debates televisados entre Zapatero y Rajoy. No pienso hacerlo por varias razones:
Primero, porque ya tengo perfectamente claro que voy a votar y qué voy a votar el día 9 de marzo. Votaré, como ya he dicho varias veces, a la izquierda. Votar a la derecha nunca se me ha pasado por la imaginación, y menos en momentos en que el PP ha escorado definitivamente hacia una derecha radical sumamente agresiva.
Segundo, porque estoy hasta la coronilla de una campaña dilatada, que algunos denominan eufemísticamente “precampaña”. Creo que la próxima ley electoral tienen que limitar drásticamente este tipo de situaciones, que sólo sirven para congelar la política propiamente dicha. Añadiré que en el caso del PP la campaña electoral ha durado toda la legislatura, lo que resulta extraordinariamente molesto.
Tercero, porque no creo que ninguno de los contendientes traiga un as en la manga, para sacarlo precisamente con ocasión de los anunciados debates, así que supongo que la discusión va a limitarse a los argumentos que ya hemos escuchado con irritante persistencia a lo largo de esta temporada.
Lo malo es que la señal va a ser ofrecida a todas las cadenas públicas y privadas, de modo que me temo que a ninguna de ellas se le ocurrirá la feliz iniciativa de pasar del debate y ofrecer, por ejemplo, una película de piratas, personajes mucho más apasionantes y fantásticos que nuestros políticos. A mi me cae bien Zapatero (no ZP, ni ninguna de estas desafortunadas gilipolleces electorales), pero francamente prefiero al capitán Jack Sparrow. Bueno, pues leeremos un ratito.

martes, 12 de febrero de 2008

LA CUESTIÓN DEL VELO



Cuestión disputadísima por estas fechas: ¿pueden las señoras y señoritas musulmanas llevar velo en los colegios? ¿El velo integra, o, por el contrario, discrimina a sus usuarias? ¿Es la misma cosa una prenda de cabeza islámica que una ablación clitoridiana?
¡Todo un asunto de fondo!
En mis remotos tiempos de estudiante las aulas de la Facultad estaban llenas de monjas. Había monjas por todas partes; tanto así, que, si no estabas viendo una monja por los pasillos de la docta casa, era muy probable que la monja fueras tú mismo.
Y esas monjas, no es que llevaran cubierto el cráneo con sus tocas multiformes, es que iban cubiertas de arriba a abajo con unos hábitos de la más diversa hechura y colorido, si bien es verdad que los tonos pardos y negros eran los dominantes. También había de esas monjitas aerodinámicas, las de la Caridad, creo, cuyas tocas de amplias alas invadían el espacio con el mayor descaro.
Pues a nadie se le ocurría protestar, ni siquiera nos extrañaban unos atuendos tan singulares y, desde luego, símbolos evidentes de confesión religiosa.
Otros velos, algo más discretos y, en algunos casos, hasta favorecedores, eran los que llevaban las mujeres de la familia para asistir a misa, o a la novena. En Semana Santa ese hábito indumentario alcanzaba niveles de lujo, cuando las damas se plantificaban la peineta y la mantilla para ir de procesiones, o de sagrarios. Estaban francamente llamativas, elegantísimas, la verdad.
¿Y qué me dicen de la famosa danza de los siete velos? Ésa sí que es una forma interesante de lucir la prenda de marras, y, si no, que se lo digan al infeliz Bautista, que perdió la cabeza en el sentido estricto gracias al buen manejo de velo de la señorita Salomé. Precisamente la ilustración de esta paginilla corresponde a la imagen de aquella agraciada joven interpretada por Gustave Moreau.
Por lo que respecta al velo islámico, recuerdo una curiosa anécdota de los tiempos en que un servidor impartía docencia en cierta Universidad de un país del Magreb. Un buen día la estudiante más pizpireta de mi clase apareció cubierta con un hiyab y vistiendo chilaba. Manifesté mi perplejidad ante unos alumnos de confianza y ellos replicaron:
- Es que quiere casarse. De esta manera le será más fácil encontrar marido.
La verdad es que la pobre iba hecha un adefesio, desde mi punto de vista, pero estaba bien claro que tenía sus buenas razones para haber trocado la minifalda por el atuendo monjil.
A mi me parece que lo mejor sería dejar a las estudiantes musulmanas que se plantificaran en la cabeza lo que les pareciera más conveniente, fuera el hiyab, un sombrero de plumas, o un cucurucho de papel. No sé a quién pueden molestar con eso, aparte de a su propia estética personal.
Y, hablando de estética y gustos indumentarios, opino que andando el tiempo la coquetería femenina acabará imponiéndose inexorablemente a cualquier tradición que la contraríe. Siempre y cuando, ningún meapilas se emperre en hacer casus belli de una cuestión tan trivial.

lunes, 11 de febrero de 2008

TEATROS DE DISEÑO



El viernes pasado fuimos a ver una función que estaba muy bien. Y eso sí que tienen mérito en los tiempos que corren. Pero ya digo que sí, que lo pasamos estupendamente porque todo estaba bien hecho. Era un texto muy original y divertido de Juan Menchero, que se llama “La eterna velada de Strass & Perlowitz”. Aunque parezca mentira, la obra está escrita en un castellano rico y bien manipulado y hasta tiene su conflicto, sus personajes y todas esas antiguallas, que algunos carrozas seguimos exigiendo. Pues, para que vean, se trata de un autor joven, al que aún no tengo el gusto de conocer, pero todo llegará.
El espectáculo había sido excelentemente dirigido por otro joven: Oscar Miranda, a quien sí tengo el honor de conocer, y lo interpretaban dos auténticos actores, dos actores como la copa de un pino: Arantxa Martí y Álvaro de Mayo, con el eficaz apoyo de las bailarinas Paloma Sánchez de Andrés y Marta Dalmau, que lo hacían más que correctamente. La verdad es que esto de hablar de teatro sin ponerme malévolo me hace sentirme algo raro, pero así fue y así lo cuento.
Claro que “no son todos ruiseñores los que cantan entre las flores”, y alguna pega tenía que haber. La representación tuvo lugar en el nuevo Centro Cultural Moncloa, de Madrid, que acaba de ser arreglado y puesto en marcha por las autoridades municipales. De la programación se ocupa la joven y animosa Ainhoa Amestoy, y debo decir que se está esmerando, pero...
Pues el pero es que el llamado “teatro” de ese centro no es un teatro, es cualquier cosa, menos un teatro. Alguien ha imaginado un espacio en formato de hemiciclo, o más bien de tarta de cumpleaños, esmerándose en que la visibilidad desde una buena parte de la sala fuera prácticamente nula. Este creativo ser se ha preocupado de que el escenario tuviera una altura muy, pero que muy limitada y que la “corbata” o proscenio, ese espacio que, con criterios menos artísticos, se extiende desde el telón de boca hasta el borde de la escena, supusiera no menos de dos tercios del espacio escénico total, que, a su vez, no mide más allá de veinte o treinta metros cuadrados dispuestos en forma circular, como es de rigor. El suelo de ese escenario es bien bonito, de un material evidentemente noble, con la pequeña pega de que ahí no se puede meter un clavo ni un tornillo para sustentar escenografía...
El día de la función que digo, había en el fondo un pequeño conjunto musical, de modo que los denodados actores se vieron obligados a hacer la función encima del respetable, porque allí no se cabía.
Un perfecto desastre.
Y lo malo es que no se trata de un caso singular. Son cientos los teatros y teatrillos a lo largo y a lo ancho de la ibérica geografía ideados por evidentes enemigos del arte dramático en cualquiera de sus formas y manifestaciones. Supongo que el político de turno convoca a un arquitecto, o diseñador, o lo que diablos sea, un sujeto o sujeta extraordinariamente creativo, un portento de imaginación y ambos se lían a elucubrar en términos de la más elevada y moelna exigencia estética, echan mano de abundantes recursos del erario público y sueltan su parida, lista para la inauguración. Pero sólo para la inauguración, porque aquello no dispone de condiciones espaciales ni acústicas, ni nada de nada.
Y digo yo: ¿tan difícil era asesorarse con alguien que tenga una idea, aún cuando somera, de qué rayos necesitan el teatro, la danza, o la música para desempeñar sus oficios en condiciones medianamente razonables? ¡Pero si sale muy baratito, incluso gratis, porque los de estas profesiones seguimos siendo unos pringados idealistas!